
Bajo de casa y voy hacia el parque,
una vez ahí me siento en un banco de piedra casi milenario,
a mi lado los ancianos, un poco más allá las palomas,
y yo muy pegadito a mi soledad.
La gente pasa casi frenéticamente de un lado a otro,
niños corren unos detras de otros bajo la mirada lejana de sus padres.
Y ahí estoy yo, comiendo pipas,
con actitud cálida y fria al mismo tiempo,
observando, entreteniendome quizá por no pensar,
dejando emanar las gotas segundos hasta inundar mis horas,
esperando...
0 comentarios:
Publicar un comentario