Empapado de aquella agua navegué mares calmos y olas bravas,
acaricié las islas sin nombre,
surqué y trazé aquellos mantos de serenidad, encontrándome.
Así, me sumergí, calado hasta los huesos de ella, de su piel,
me inundé en aquella estrella y desperté, envuelto entre sus sábanas blancas,
en su mano, en su despertar.
*
acaricié las islas sin nombre,
surqué y trazé aquellos mantos de serenidad, encontrándome.
Así, me sumergí, calado hasta los huesos de ella, de su piel,
me inundé en aquella estrella y desperté, envuelto entre sus sábanas blancas,
en su mano, en su despertar.
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