Le brillaban los ojos, era suave a la vista. Su piel resplandecía mientras sus manos se deslizaban entre sus cabellos, no había viento capaz de desbaratar sus ideas. Se detuvo en una parada para subir a aquel autobús, dejando atónitos a los presentes. No era posible no llamar la atención, después de abotonarse hasta arriba la camisa preparó su cajetilla de tabaco para encender uno al bajar en su parada habitual. Tan sólo fueron dos paradas hasta que bajó, no sin antes escuchar unos suspiros trás de si. Cogió un cigarrillo, lo encendió y sin dejar de lado sus pensamientos avivó el tabaco, sus pasos eran firmes, sus piernas largas...no causaba indeferencia.
Todo se movía a su son, era su estar, su vibrar, aquel caminar elegante marcaba el tic tac de lo incierto a su antojo. Dejó de andar para detenerse en un semáforo de peatones, sintió como un escalofrio dulce le recorría la espalda, sin prestar atención a su alrededor retomó su paso al caer de la luz roja del semáforo, cruzó el pasó de cebra, una vez en el otro lado se giró suavemente, algo le decía que lo hiciera, y ahí estaba él, absorto en sus pensamientos sin percatarse de su presencia.
''La realidad su capricho, la vida ese sueño en que los hombres eran su juego.''
No podía ser, no le había ocurrido otras veces. Para ella todo era en blanco y negro, menos ella misma, que poseía el color vida, o al menos eso pensaba hasta que lo vió. Le hizo resplandecer los colores de sus pensamientos más íntimos de una forma que antes ella no había sentido, no podía ser cierto, no podía haber otra persona que tuviera colores tan vivos, tan vivos como ella.
Fué siempre desde pequeña quien poseía ese arcoiris. Relentizó su paso y a medida que él se acercaba, se dió cuenta dejaba de tener la importancia que acostumbraba a su alrededor, se puso nerviosa, no entendió que sucedía...no podía ser, él causó todo eso o quizá no, quizá fué ella así sin más, sin esperarlo...
...continuará.

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