Me sudan las manos, un nudo ahorca la boca de mi estómago, mientras la respiración brilla por su ausencia. La sangre se acelera en mis venas haciendo que mi corazón aumente su diámetro, oprimiendo así su espacio hasta reducir mi paciencia.
La ansiedad me limita, enclausura mi lógica y ya no bombeo evidencia del exterior a mi centro, sino que, como un niño asustado me paralizo, hasta llegar el punto de no entender nada.
Mi vista no ve, mis oídos no oyen, mi tacto no siente, mi calor es frío...incluido mi latir, el cual me dice que no es la vida lo que siento en mi pecho, sino el recuerdo de ella, quizá de cuando era niño y nada era como es ahora...
Aveces, olvido que vivo en mundo donde los humanos resbalan y tropiezan con cáscaras, piedras y otra vez, desnudo y sin voz, no se donde ir. Ya nada encaja, nada es como debería ser y al mismo tiempo siento ser como un pez nadando a contracorriente, sabiendo que, donde si no, me llevará este mar llamado incertidumbre.

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