Sentado en la madrugada, en el porche del amanecer. Mis ojos humedecen con lágrimas las primeras horas del día, deshojando una foto desamparada en la sombra que todavía la noche mece, al son de los ruidos de la ciudad que poco a poco va despertando aun sin quererlo.
Seguiré aquí con los ojos cerrados para ver como suben y bajan personas en este autobús, y me echaré a un lado para que el tiempo pase lo antes posible sin crear fricción en mi piel, y quizá así pueda regresar...a el silencio de aquella quietud que algún día llamó a nuestra puerta.
